Correo del Navegante
Diarios y Revistas
Radios en Vivo
Foros de Opinión
Horóscopo
Deje su Denuncia
Barrasbravas
ESPECIALES
y SERVICIOS


 


 


 


 


 


 





 

 

 

 

 

 

 




















  LA CULTURITA | Revista Virtual de Literatura
Nro. 2 - Agosto 2002  

 


I. Alegría Cero

La ciudad amanece con movilizaciones de grupos de piqueteros que van a supermercados a pedir comida. Otros son recibidos por el ministro de gobierno, Lorenzo Domínguez.

-Mañana van a cobrar los precarios planes de empleo que se les adeuda -les dice el funcionario-.

Entonces se van al banco Nación y esperan. Hace mucho calor este miércoles 19 de diciembre de 2001, a días de la navidad.

En Emaus el padre Edgardo Stoffel, de la pastoral social de la Iglesia, anuncia lo que muchos allí esperan.

-Mañana los supermercadistas van a comenzar a dar comida a los pobres de Santa Fe -se queja porque ni la Provincia ni la Municipalidad se quisieron hacer cargo de la distribución-.

Los pobres que están en el lugar lo escuchan y esperan. Se pasan la noche esperando en el hall de la pequeña casita. Todas las respuestas llegan mañana, mientras tanto el clima social se recalienta.

Mediodía. Los noticieros muestran la ola de saqueos que ya comenzó en todo el país. Emiten la entrevista con el padre Stoffel.

-La comida se repartirá mañana -repite la voz ahora en la pantalla-.

Reina la confusión informativa. La gente del norte de la ciudad sale a las calles y se va a la puerta de los supermercados a esperar. No son de ningún grupo de piqueteros. Hace dos días que les prometieron los bolsones de ayuda. Un grupo de vecinos de La Chaqueñada llega al "Súper 2000", en General Paz y Javier de la Rosa.

-Dicen que acá van a dar comida.
-Yo lo escuché en la radio -asiente otro entre la multitud-.
-Queremos comida, queremos comida -canta un grupito cerca de la esquina.
-¡Una ambulancia! -grita desesperada una señora desde la otra punta. Todos miran hacia allá. Una mujer está en el piso desvanecida. Se descompuso entre los apretujones de la gente que pugna por alcanzar el mejor lugar en la alocada cola que formaron espontáneamente.

Un periodista llama al servicio de emergencia médica desde su celular, mientras los familiares piden que todos se corran para darle aire y la apantallan con un pedazo de cartón que un pibe cuida autos alcanzó.

-Van a dar bolsones de comida a las cinco de la tarde en la basílica de Guadalupe -se pasan la bola-.

Corre la versión de que habrían sido instigados para ir a pedir por una FM trucha que funciona en el barrio, desde donde habrían partido arengas convocando a la gente a que vaya al súper donde les iban a dar alimentos. Allí están y esperan.
Otro grupo se descuelga de la movilización unas cuadras. Comienza el primer saqueo en la ciudad. Es el supermercado Manasseri, en Javier de la Rosa, a tres cuadras de la basílica. Se llevan comida, la plata y las computadoras. Rompen todo. Alberto Manasseri es su dueño. Estaba reunido con los supermercadistas de la ciudad para ver cuánto le iba a donar a la gente cuando lo saquearon.

- Se van a la puta madre que los parió -dice llorando ante las cámaras, con sus ojos perdidos y las venas del cuello marcadas en la piel. Llora y repite que todos se van a la puta madre que los parió-.

Al norte de la ciudad la cosa está mucho más pesada. La gente intenta robar en otros supermercados. Los rodean y aguantan; aguantan, hasta que no da para más.
Blas Parera al 5800. Allí saquean otro supermercado. Es el Bienestar. Pedro Bré, su dueño, maldice a todos. La gente sigue agolpada en distintos supermercados y comienza la represión policial. En otra sucursal de la cadena Bienestar que está más al norte cae muerto un pibe de quince años. Marcelo Alejandro Pacini queda tendido en el piso, no de hambre todavía. Recibe una perdigonada de un escopetazo disparado por un comerciante desbordado que trabaja frente al super, en Blas Parera al 8900. Había ido con sus hermanos en busca del bolsón. Más tarde su madre, desenfocada, está en la municipalidad pidiendo ayuda para poder comprar el cajoncito. El resto de la gente en ese lugar sigue queriendo saquear el supermercado. La policía sigue reprimiendo. Hay heridos y detenidos. Otra persona, María Chapú, de 17 años, recibe un balazo que casi le desprende un brazo.

Ya nadie habla del campeonato que Racing podía ganar el domingo, después de 35 años. La última fecha del Apertura. En Santa Fe tampoco se habla del clásico, Colón - Unión, que también se jugaría el domingo. Se apaga el folklore y las gastadas.

Cae el sol. El secretario de Seguridad Pública provincial, Enrique Alvarez, describe el panorama como un estado de tensa calma. Los números en nuestra provincia son fatales, las cifras oficiales arrojan: seis muertos, cincuenta heridos y 165 detenidos. Pero no son cifras, no son números; son gente desesperada que salió en masa entre los pocos activistas. Las imágenes televisivas muestran lo mismo en cada provincia. En todas partes la respuesta fue la represión. El país es un caos. Se habla de dieciséis muertos. Todos esperan las novedades nacionales.
De la Rúa se toma su tiempo. A las once de la noche se emite un mensaje grabado en cadena nacional en el que se destaca la necesidad de mano dura con la gente, tildándola de delincuentes que se aprovechan ante la necesidad de unos pocos.

-Rige el Estado de Sitio en todo el país por treinta días y se recortan las libertades individuales -anuncia el presidente-.

De la Rúa no habla de medidas políticas ni económicas para combatir la crisis. Tampoco habla de renuncias. Las medidas dispuestas por el ministro de economía, Domingo Cavallo, que tienen que ver con recortes de sueldos, "el corralito" bancario -por el cual nadie puede extraer más de 250 pesos de los cajeros-, y el achicamiento de los compromisos del Estado para alcanzar el déficit cero y cumplir con el pago de los intereses de la deuda externa parecen jaquear al gobierno. A esto hay que sumarle un nuevo medidor económico de moda (aprovechado políticamente por intereses de sectores opositores), que nos coloca al tope del ranking mundial, el riesgo país. Argentina arde.
La clase media en Buenos Aires sale a las calles con cacerolas y le pone ruido al calor. Esta nueva forma de hacerse escuchar será bautizada más tarde como el cacerolazo. Otros van en su auto a tocar bocina a la Casa Rosada. Quieren despertar al presidente, que ya se fue entre penumbras a su casa. Sin embargo, Cavallo presenta su renuncia y corren las versiones de que huye del país en avión hacia Miami. Pide seguridad para su familia.

Romina, Marcelo y Claudio. Bala perdida, furia y locura de comerciantes, ¿represión sistemática? A Marcelo Pacini ya se le se suman otros tres muertos confirmados en Rosario y un total de nueve en todo el país.
Romina Iturrain tiene quince años, igual que Marcelo. Se había llevado una materia a diciembre y esta tarde la aprobó. Salió corriendo a la casa de su tía -en Paraná- para contarle. De pronto hay corridas y tiros allí afuera; a metros hay una de las sucursales de la cadena de megamercados Wal Mart. Ella toma mate en el frente de la casa cuando una bala perdida entra a la vivienda y se duerme con ella para siempre. Marcelo y Romina estaban en la ebullición de la vida. Las radios hablan de un país incendiado.
Claudio Leprati es profesor de Filosofía. Alterna su saber intelectual con su militancia social. Es afiliado a Ate y trabaja cocinando el único plato de comida que muchos chicos de la villa comen en el día, en el barrio Las Flores de Rosario. El Pocho -como le dicen- no sólo se ocupa de lo indispensable. Coordina trabajos en una barrita de pibes del barrio Ludueña y les enseña que la alegría a veces puede salir de un tambor, un zurdo, y un cuerpo "quebrado" que murguea descolocado. Entre los disturbios se asoma desde el techo de la escuela N° 756 para putear a los policías que allí abajo disparaban contra un grupo de personas.

-No tiren, cagones. La escuela está llena de chicos -les grita desde la altura-. ¡No tiren!

El Pocho es confundido con un francotirador por la policía. Un francotirador. Cae muerto de un disparo de itaka en el cuello. Otra víctima de la feroz represión.

Ya entrada la noche, el intendente Marcelo Alvarez se reúne de urgencia con todo su gabinete y anuncia un cronograma de ayuda social. Pasa la recolectora de basura: algo sigue funcionando.

A las cinco de la mañana se conoce la noticia, renuncia todo el gabinete del presidente Fernando De la Rúa. Convocan a un gobierno de coalición. Otra reunión de gabinete. En este caso es el gobernador Carlos Reutemann. Llama a su gente a primera hora de la mañana y anuncia la creación de un comité de crisis en la provincia. Ya no hay gente en la puerta de los supermercados durante el amanecer. Pasa la barredora municipal, señal de que algo allí afuera sigue funcionando. Toda la información es relativa, hay un gran vacío, nadie puede confirmar nada. Hay un gran vacío.

La pregunta nace entre la gente y se repite, ¿hizo falta todo esto? Aparecen las primeras tapas de los matutinos: La Nación dice "Rige el Estado de Sitio después de los saqueos y se fue Cavallo". La Capital, de Rosario, titula "Argentinazo". El mismo título pondrá la revista Noticias. Página/12 dice: "Estalló la gente y renunció Cavallo".
Una mujer de 33 años habla por LT 10 llorando. Tiene tres hijos chiquitos y dice que nunca vio algo así. Pide que la gente no pierda su dignidad.
En Capital Federal el clima se recalienta. La gente gana la histórica plaza de Mayo y pide la renuncia del presidente Fernando De la Rúa. Primero son unos pocos. Cada vez son más. Comienza otra jornada caliente.
Cerca del mediodía vuelve la represión. En Buenos Aires la noche estuvo signada por la violencia urbana, los saqueos y el clima de anarquía. Un comerciante coreano que ayer lloraba ante las cámaras de televisión mientras miraba cómo lo saqueaban sus propios vecinos se suicida. Algunas personas se paran frente a los comercios vecinos armados de palos y enfrentan a los saqueadores. Pobres contra pobres. Mientras tanto De la Rúa no dice nada. Desde la plaza lo chiflan, le gritan, y nada. Desmienten que Cavallo se haya fugado a Miami; la justicia ordena que no salga del país por las investigaciones que se tramitan en la causa por la venta ilegal de armas, en la que está involucrado.
Las fuerzas de seguridad reprimen a mansalva en la plaza poblada de todo tipo de gente. Entre ellos está el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, están las Madres, hay banderas argentinas. Hay al menos cinco muertos: Carlos Petete Almirón, Marcelo Riva, Diego Lamagna, Alberto Márquez y Gustavo Benedetto.

El presidente vuelve a convocar al justicialismo para formar un gobierno de coalición, pero esta vez no hay respuesta. Más tarde los peronistas -que están reunidos en San Luis- informan que no participarán de ningún gobierno de coalición. De la Rúa está solo en la rosada. Solo.
Llega la tarde-noche del jueves 20 de diciembre de 2001. Ese día De la Rúa ordena a su fotógrafo personal que lo acompañe a su despacho, redacta su renuncia de puño y letra, junta sus cosas del escritorio; el momento queda inmortalizado con un flash. No ha salido en ningún momento a hablar de los muertos ni de nada. Prefirió el silencio asesino, mientras la gente allí en la calle. La noticia se conoce por la radio y la televisión, y el clima social se descomprime sólo un poco. A las 19.48 un helicóptero sobrevuela la Casa Rosada. Hay miradas de desconcierto, otras esperanzadas. Desciende en el techo. Una cámara de TV capta el momento en el que De la Rúa camina hacia el helicóptero. Sube una escalera, asciende, y se va. Huye. La misma cámara toma los silbidos intensos que retumban agudos. Al otro día De la Rúa volverá a la rosada con la excusa de levantar el Estado de Sitio antes de entregar su cargo. No quiere que quede grabada en la retina de los argentinos su huida por los techos, mañana querrá decir que salió caminando, no como Isabelita. Pero ya es tarde. Todos se quedan con la primera imagen.
Muere un herido más. Son treinta personas en todo el país. Treinta inmolados por una causa social; haya sido organizado en algunos casos por activistas, o no. En estos tiempos, en este nuevo milenio desde donde se sentencia la muerte de las ideologías, ya nadie cree que algo así pueda suceder en el país del fondo del mundo. Así lo vive la gente, que se hace protagonista.

II. La vergüenza política

Lo que viene ya es sabido. Asume el presidente de la cámara de senadores como presidente provisional, el misionero justicialista Ramón Puerta. Convoca a elegir al nuevo presidente. Es el actual gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, más conocido como El Adolfo. Más tarde la página web de Telenoche Investiga (Grupo Clarín) elimina de su sitio la investigación realizada sobre el gran crecimiento de su patrimonio y las denuncias sobre evasión impositiva en su contra. Sin embargo, algunos periodistas, asesorados por hackers, logran obtener el documento y lo masifican vía mail. El sábado asume Rodríguez Saá y anuncia una serie de medidas que buscan modificar todo.

-Voy a crear un millón de puestos de trabajo en un mes, por ahora no vamos a seguir pagando la deuda externa, reduciré los sueldos de los funcionarios nacionales y todo el parque automotor y aeronáutico oficial está en venta.

Los congresales lo aplauden eufóricos al ritmo de la marcha peronista. Atrás quedaron los conceptos ahora vacíos de déficit cero y riesgo país. La sonrisa no condice con la gente. Menos con los santafesinos, cuando se enteran que los ex gobernadores provinciales José María Vernet y Víctor Félix Reviglio serán el ministro de Relaciones Exteriores y el secretario de Política Sanitaria, acompañados de otra comprovinciana, Liliana Isabel Gurdulich de Correa, quien asume como secretaria de Tecnología y Ciencia.
En la calle hay expectativas, pero con el correr de las horas todo se diluye. Los precios en supermercados y comercios son remarcados con un aumento de hasta el treinta por ciento, las farmacias comienzan con el desabastecimiento de medicamentos extranjeros y nacionales, estos últimos debido a la especulación económica, las industrias paran su producción ante la incertidumbre. En navidad nadie gasta un fósforo.

Las cacerolas se mantienen detrás de la puerta. Nada parece haber cambiado. Los hinchas de Racing se movilizan hasta la Asociación de Fútbol Argentino para protestar. Quieren que su equipo juegue el partido que falta para poder salir campeón. Un hincha desaforado grita ante las cámaras de TV que él garantiza la seguridad. Parece increíble. Una vergüenza. El presidente de la AFA, Julio Grondona, visita a Rodríguez Saá y negocia para que el jueves se jueguen dos partidos y así poder definir el campeonato: Vélez - Racing y River - Rosario Central. El resto de la última fecha, que había sido suspendida, se completará en febrero; entre ellos el clásico santafesino.

El miércoles 26 de diciembre 150 vecinos de Reviglio en nuestra ciudad le hacen un escrache público -cacerolas en mano- en la puerta de su casa. El jueves 27 Carlos Menem visita a Rodriquez Saá en la Casa Rosada y cuando sale anuncia él alguna de las nuevas medidas para la industria. Las anuncia él, no el presidente. Esa es la primer aparición pública del titiritero, después de tanta historia junta. Las muertes, los cacerolazos, los saqueos, fueron mensajes sordos a una clase dirigente que sigue sin escuchar. Es sólo el comienzo de más de lo mismo. Ese mismo día Racing sale campeón después de 35 años de espera. Empata uno a uno con Vélez con un cuestionadísimo arbitraje. River golea a Central seis a uno, pero no le alcanza. Podía forzar a un partido desempate sólo si Racing perdía. El campeonato de la academia es un granito más de arena a tanto absurdo. El obelisco se vuelve a llenar de banderas celeste y blancas. Unas horas antes el que portaba las banderas era el pueblo. Ahora le toca al opio de los pueblos.

Que se vayan todos. Durante la noche del viernes 28 la gente vuelve a salir a la calle para hacerle un cacerolazo al gobierno. Piden que renuncien todos los funcionarios desprestigiados. Los infiltrados vuelven a realizar algunos saqueos aislados y la policía reprime. Automáticamente el funcionario más cuestionado, Carlos Grosso, renuncia a su cargo de asesor de la jefatura de gabinete. La gente sale contra radicales, contra peronistas, el cacerolazo ya es una nueva modalidad de protesta con marca registrada. León Gieco grita dulcemente desde su nuevo disco: Canción para cantar unidos y haciendo frente a la intolerancia ciega de unos pocos dementes que arrastran en su discurso la sangre de un pueblo débil. Canción para aclarar las cosas que están pendientes, justicia que queda chica donde la vida no vale. Por tantos gobiernos sordos, más fotos y más escraches... Cuando León escribía, nadie sabía lo que vendría.

La carátula, triple homicidio. Al otro día Adrián, Cristian y el Gallego -tres pibes de barrio-, toman cerveza en una estación de servicio de Floresta, en Buenos Aires. Un televisor muestra las golpizas que recibieron algunos policías durante la protesta de la noche anterior.

-Está bien, eso es en respuesta por lo que hicieron la semana pasada -comenta sonriente Maxi mientras mira a los manifestantes golpear a un policía-.
-Se lo merecen -dice el Gallego-.
-Cobren, ratis -agrega Adrián mirando el televisor-.

Un suboficial retirado de la Federal que trabaja como custodia del lugar los escucha. Se acerca y sin mediar explicaciones le dispara un tiro en la cabeza a Maxi, que cae al piso, golpea al Gallego y lo asesina de dos tiros, para terminar matando a Adrián, gatillando una vez más su arma. No conforme con todo, saca los cuerpos del local tomados de los pelos y los deja ahí afuera, uno arriba del otro.
La furia vuelve a ganar las calles de Floresta. Los vecinos y familiares se van hasta la puerta de la comisaría 43, en Gaona y Bahía Blanca. La atacan a piedrazos, rompen todo y se pelean con la policía. La represión dura horas. Más tarde será relevada toda la cúpula de la comisaría por los enfrentamientos. El saldo de la feroz masacre tiene nombres y apellidos: Daniel Enrique Matassa, de 23 años; Cristian "El Gallego" Gómez, de 25; y Maximiliano Tasca, también de 25 años.

El justicialismo muestra su hilacha. Las disputas de poder recalientan la interna peronista. El presidente Rodríguez Saá convoca para mañana domingo a todos los gobernadores a la quinta de Chapadmalal, cerca de Mar del Plata. Al otro día sólo llegan algunos. Las ausencias de De la Sota (Córdoba), Reutemann (Santa Fe) y otros desencaja al presidente. Los ausentes dicen que no fueron por el mal tiempo; la ruta estaba cortada por gente que había iniciado otro cacerolazo. Ni bien empezado el encuentro, Rodríguez Saá comenta que está cansado de luchar sin el apoyo de sus copartidarios, a siete días de haber asumido. Se levanta del sillón y, como un niño, anuncia:

-Me voy a San Luis a renunciar.

Las internas justicialistas son cada vez más fuertes. Los políticos siguen priorizando sus intereses, antes que la gente. Nada parece haber cambiado respecto de una semana atrás, cuando la gente echaba a los gritos a De la Rúa; de hace diez años atrás, cuando la gente votaba a Menem; de hace veinte años, cuando se quiso construir una democracia sin justicia, de la mano de Alfonsín. Obediencia Debida y Punto Final.
Los medios anuncian que a las nueve habla el presidente. Si bien hay trascendidos, nadie se anima a asegurar su renuncia. Recién a las once de la noche Adolfo Rodríguez Saá comienza su discurso en cadena nacional desde su casa.

-No quiero ser el presidente de la represión y las promesas incumplidas, no tengo el apoyo de los propios gobernadores justicialistas. He decidido renunciar a mi cargo de manera indeclinable -dice, y como en un film le entrega el mensaje al edecán, que se lo llevará al presidente de la cámara de senadores y ex presidente interino, Ramón Puerta. A esto le adosa un parte médico, para no seguir en el cargo hasta que la asamblea legislativa se reúna y le acepte la renuncia. No quiere saber nada, se lava las manos-.

Otra vez debe asumir el misionero Puerta, pero ahora dice no. Al igual que Rodríguez Saá, alega estar enfermo y se saca el problema de encima, nos saca de encima. Entonces debe quedar a cargo de la presidencia de la nación el titular de la cámara de diputados, el justicialista Eduardo Camaño. Termina la semana en la que tuvimos como presidente a Rodríguez Saá. Muchas sonrisas se fueron apagando con el año. Mañana es 31, el último día de este 2001.

Amanece con las noticias de la noche anterior en las tapas de los diarios. El presidente Camaño convoca para el primer día de 2002 a la asamblea legislativa. Ya se habla del sucesor: Eduardo Duhalde (PJ). Una persona cuestionada que le quiso hacer sombra a Carlos Menem presentándose como candidato a presidente en las últimas elecciones (1999), luego de un quiebre en la relación entre ambos; el mismo que fue su vicepresidente (1989 - 91); el hombre señalado en la muerte del fotógrafo José Luis Cabezas durante su largo mandato como gobernador de Buenos Aires (1991 - 99) -caso en el que luego devino el suicidio del empresario Alfredo Yabrán-; el político de turno cuando la policía Bonaerense se adosó el mote de narco-policía y, llamativamente, el autor de libros como Los políticos y las drogas (1988), Hacia un mundo sin drogas (1994) o Política, familia, sociedad y drogas (1997).
Efectivamente, el lunes primero de año el senador Duhalde es elegido como nuevo presidente, esta vez hasta el nueve de diciembre de 2003, para terminar el ciclo iniciado por De la Rúa. Afuera del congreso los cacos del ahora primer mandatario, que fueron a aguantarlo con banderas, echan a piedrazos a los manifestantes de izquierda que habían ido a protestar por su elección. En diez días pasaron seis presidentes en Argentina: De la Rúa, Puerta, Rodríguez Saá, nuevamente Puerta, Camaño y Duhalde. A los muertos durante las protestas se le suman tres más. Uno de ellos era un militante de izquierda de la ciudad de Paraná que estaba desaparecido y fue encontrado en un baldío después de varios días.
El flamante presidente no tiene la sonrisa de Rodríguez Saá en su rostro. En el acto de asunción ya no se canta la marcha peronista. Los anuncios son mesurados e impregnados de cautela.

-Hay que sentar las bases para realizar profundas reformas en el Estado. Hay que refundar la patria, barajar y dar de nuevo.

Quiere convocar a varios radicales para componer el nuevo gabinete. Estos políticos nada nuevos saben que no pueden dar otro paso en falso porque la gente está expectante con las cacerolas en la mano. Parece mentira, pero siguen sin escuchar al pueblo. No toman conciencia de la dramática situación social que se vive. Siguen negociando. Los reutemanistas Oscar Lamberto y Miguel Angel Paulón asumen como secretario de Hacienda y secretario de la Producción de Duhalde. Pero a los pocos meses se irán del gobierno nacional.
En la esfera provincial, Reutemann cambia sus fichas. Lorenzo Domínguez deja el ministerio de gobierno y José Storani hace lo propio en el cargo de jefe de la policía provincial. Asumen Esteban Borgonovo y el comisario Rubén Milicich, que hasta entonces era el subjefe. Los organismos de Derechos Humanos no pueden creer que no sea relevado el cuestionado subsecretario de seguridad pública, Enrique Alvarez. Un ex integrante de la SIDE y el responsable de contener los desbordes sociales en busca de evitar enfrentamientos, mientras que los muertos por presuntas balas policiales en la provincia se apilan -al momento- en siete.

1. Claudio Lepratti
2. Graciela Acosta
3. Juan Alberto Delgado
4. Walter Campos
5. Yanina García
6. Rubén Pereyra
7. Ricardo Villalba

III. Muertos de plomo

Durante los primeros días de 2002 la economía sigue paralizada. Esto significa que el productor no produce, el proveedor no entrega mercadería y el comerciante no vende. Todos especulan con los precios y esperan que se aclare el panorama. El fin de la convertibilidad ya es una realidad pero sigue el corralito. El dólar se cotiza cada vez más. Sigue la remarcación y el aumento de precios. Otra vez la inflación. Cada vez hay más desabastecimiento. Por momentos las farmacias no tienen ni insulina para vender. Si no se soluciona el problema esto produce la muerte segura de mucha gente.
Quizá algo se haya sembrado. La gente que salió a protestar con la cacerola en la mano se reunió luego en Asambleas barriales. Nadie le cree al sistema financiero

-No se debe jugar con fuego, dicen en la cuadra.

Algunos se aferraron a sus valores espirituales, a la familia, los amigos, el barrio, la gente. Y la gente parece mirarse de otra manera. La contracara. Los problemas están, y enfadan. El stress aumenta, la caída del trabajo y el alevoso aumento de la desocupación golpean cada vez más puertas, y para qué seguir enumerando. Hacia dónde camina Argentina. Esa es la pregunta, la incógnita.
Desde aquel 19 de diciembre pasaron seis presidentes, varios gabinetes, cacerolazos, marchas, escarches, asambleas barriales; pocos hablan de los argentinos muertos en todo el país en estos duros días.

Muerto en la ciudad de Santa Fe:
1. Marcelo Alejandro Pacini (15). Muerto por un comerciante.

Muertos en la ciudad de Rosario (Sta. Fe):
2. Claudio Lepratti (40). Muerto por la policía.
3. Graciela Acosta (35). Muerta presuntamente por la policía.
4. Juan Alberto Delgado (24). Muerto presuntamente por la policía.
5. Rubén Pereyra (20). Muerto presuntamente por la policía.
6. Walter Campos (17). Muerto presuntamente por la policía.
7. Yanina García (18). Muerta presuntamente por la policía.
8. Ricardo Villalba (16). Muerto presuntamente por la policía.

Muertos en el Gran Buenos Aires:
9. Damián Vicente Ramírez (14). Muerto por un comerciante.
10. Ariel Maximiliano Salas (30). Muerto por un comerciante.
11. Pablo Marcelo Guías (23). Se desconoce (recibió un puntazo).
12. Roberto Agustín Gramajo (19). Balazo, se desconoce.
13. Víctor Ariel Enrique (21). Se desconoce.
14. Eduardo Legembere (20). Se desconoce.
15. Diego Avila (24). Se desconoce.
16. María Rosales (28). Se desconoce.
17. Julio Hernán Flores (15) Balazo de un saqueador.
18. Daniel Enrique Mataza (23). Lo mató un ex policía, custodio.
19. Cristian Gómez (25). Lo mató un ex policía, custodio.
20. Maximiliano Tasca (25). Lo mató un ex policía, custodio.

Muertos en la Plaza de Mayo (Capital Federal):
21. Carlos Petete Almirón (23). Presunta bala policial.
22. Marcelo Riva (31). Presunta bala policial.
23. Diego Lamagna (17). Presunta bala policial.
24. Alberto Márquez (57). Presunta bala policial.
25. Gustavo Benedetto (23). Presunta bala policial.
26. Rubén Aredes (30). Presunta bala policial.

Muertos en Paraná (Entre Ríos):
27. Romina Iturrain (15). Presunta bala policial.
28. Eloisa Rosa Paniagua (13). Presunta bala policial.
29. José Daniel Rodríguez (25). Secuestrado, asesinado, arrojado a un baldío.

Muerto en la ciudad de Cipoletti (Río Negro):
30. Elvira Abaca (42). Presunta bala policial.

Muerto en la ciudad de Corrientes:
31. Ramón Alberto Arapi (23). Presunta bala policial.

Muerto en la ciudad de Córdoba:
32. David Ernesto Moreno (13). Presunta bala policial (perdida ¿?).

Muerto en la ciudad de San Miguel de Tucumán:
33. Luis Fernández (27). Presunta bala policial.

En algunas listas aparecieron los nombres de Juan A. Torres (¿Corrientes?) y Sandra Ríos (¿Rosario?). Según fuentes consultadas, no se logró determinar si fueron asesinados durante los hechos políticos de diciembre. Se contabiliza además un matrimonio coreano que se habría suicidado en Buenos Aires, del cual no se obtuvieron datos.

De los 33 muertos ocho son menores de 18 años; 17 murieron en Buenos Aires y Capital Federal, nueve en la provincia de Santa Fe, y tres en Entre Ríos; cuatro son mujeres y el resto varones. Al menos veinte murieron presuntamente por balas policiales.

IV.¿Quién se hace cargo?

Las muertes de diciembre en todo el país fueron producidas en circunstancias diversas. Represión policial, lucha de pobres contra pobres, comerciantes que veían la impunidad de los saqueos mientras la policía no actuaba, abusos en la actuación policial. Hubo al menos 33 causas, 33 muertos. Pero también hubo miles de heridos, gente con secuelas irreparables y violación de derechos. Hubo represión desmedida y detenciones ilegales.
Los responsables pueden dividirse en dos: políticos y materiales o directos. Queda en manos de la Justicia -tan cuestionada- echar luz sobre cada caso y responder si hubo o no un plan represivo sistemático tanto en Plaza de Mayo como en la ciudad de Rosario y sus alrededores. Como así también investigar cada asesinato producido en el país.
En el primer caso, son investigados el presidente, Fernando De la Rúa, como máximo responsable de gobierno; el ex ministro del interior, Ramón Mestre; el ex secretario de seguridad interior, Enrique Mathov; y el ex jefe de la policía de Buenos Aires, Rubén Santos. Estos dos últimos fueron citados a declarar y detenidos bajo el cargo de abuso de autoridad y privación ilegal de la libertad por la jueza federal de primera instancia María Servini de Cubría. Sin embargo, ambos apelaron el fallo en la sala I de la Cámara Federal, y podrían quedar en libertad si se evalúa que -como fueron encarados los delitos (si son o no responsables de homicidio)- son excarcelables. El presidente De la Rúa declaró ante la jueza Servini de Cubría que se enteró de las muertes por televisión. Ja, ja, ja. El interrogatorio se circunscribió a cosas que el ex presidente podía responder y defenderse tranquilo.
Respecto de las muertes de Rosario, la Justicia debe investigar quienes dispararon las armas que mataron a la gente, pero además existen responsables políticos. El jefe de la Unidad Regional II de policía, con asiento en Rosario, era el comisario mayor Jorge Saul Pupulín; el jefe de las Tropas de Operaciones Especiales de la policía provincial era por entonces el comisario inspector Víctor Sarnagia; el secretario de Seguridad Pública de la provincia, el Lic. Enrique Alvarez; el por entonces jefe de Policía era el comisario mayor José Storani; el Ministro de Gobierno, Lorenzo Domínguez; y el gobernador de Santa Fe, Carlos Alberto Reutemann. En esa jerarquía deben ser investigados los responsables políticos de semejante masacre. Más allá de las investigaciones que realiza la Justicia ordinaria, otras vías son la División de Asuntos Internos de la Policía provincial y el poder Legislativo, desde su comisión de Derechos Humanos o mediante la posibilidad de crear una comisión especial que investigue las muertes de diciembre en el ámbito provincial. Por otra parte, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Rosario presentó una denuncia ante Naciones Unidas, en Ginebra (Suiza).


Nicolás Loyarte
2002
nloyarte@hotmail.com



SECCIONES
 »
 Editorial
 »

 Dedicamos este número  a ...
 »

 Costuras en un país de
 harapos
»
 Es una máquina de
 tiempo
»
 Cultura es memoria
»
 Cronopios Cronistas
»
 Contáctenos
»
 Números Anteriores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


© 2002 SIEMPRE TARDE. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
TODA LA INFORMACION CONTENIDA EN EL SITIO ES COPYRIGHT DE SIEMPRETARDE.COM. PROHIBIDA SU COPIA Y/O
REPRODUCCION SIN PREVIA AUTORIZACION
DISEÑO Y DESARROLLO [FACUNDO PAGANI @ PIN.DEV.WEB]