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DICCIONARIO UNO
Memoria: Aptitud síquica que permite reproducir
un estado de conciencia pasado y reconocerlo como
perteneciente a la propia experiencia * Recuerdo
* Escrito en el que se hace una exposición
de hechos, datos, etc. sobre algún asunto
o actuación (sinónimo: informe) *
En las calculadoras electrónicas, dispositivo
donde se almacena la información sobre datos
recibidos, resultados parciales y procesos por realizar
* Informe que debe presentar anualmente el directorio
de una sociedad o asociación, junto con el
balance general, a fin de ponerlo a consideración
de la asamblea de socios o accionistas * Relación
de gastos hechos en un negocio o anotación
de otros datos, realizados a manera de inventario
* Relato escrito que alguien hace de recuerdos y
acontecimientos de su vida * De memoria: retener
exactamente en la memoria palabras, ideas, datos
* Utilizar exclusivamente la memoria y no la inteligencia
* Hacer memoria: acordarse
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DICCIONARIO DOS
Memoria: Facultad anímica por medio de la
cual se retienen las ideas adquiridas y se recuerda
lo pasado * Fama, gloria * Disertación escrita
sobre alguna materia * Relación de gastos
o especie de inventario * Monumento que perpetúa
el recuerdo de una cosa * Saludo afectuoso a un
ausente
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DICCIONARIO TRES
Memoria: Potencia del alma por medio de la cual
se retiene y recuerda lo pasado * Exposición
de hechos o motivos referentes a determinado asunto
* Estudio o disertación escrita * Libro o
cuaderno en el que algo es apuntado para tenerlo
presente
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Si me atengo a los dispositivos de la computadora,
Memoria: ícono a pulsar para "guardar"
algo que se necesite. De ese lugar virtual, lo guardado
puede ser borrado fácilmente.
No conozco mecanismo más frío y perverso
para ser relacionado con la memoria; sobre todo
ateniéndome a las definiciones expuestas
en la primera acepción de todos los diccionarios,
que refieren la memoria como una facultad (humana)
que tiene que ver con lo síquico, en el UNO,
con lo anímico, en el DOS, con el alma, en
el TRES. ¿Estaremos en presencia de la globalización
de la memoria?
Con la velocidad del rayo, la computadora dispone
sus defensas y subraya de un inevitable color rojo
la palabra "Globalización"
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La transcripción de las definiciones en
los distintos diccionarios apunta a reflotar el
valor conceptual de la palabra memoria. Arrancársela
de entre las garras a los vaciadores de profesión
que propalan a través de los medios masivos,
en este caso diría que hasta sin intención,
y quizá peque de ingenuo, un contenido flaco
que no nos plantea la posibilidad de elegir -ergo,
cualidad del significado y no la simple utilización
al azar- cuál de entre las acepciones mencionadas
es la que más nos gusta, conviene, sirve,
ayuda, para entender la función de la memoria,
y hasta qué punto no podemos ignorar el deber
de ejercerla, en estos tiempos, en este contexto.
No por casualidad la primera de esas acepciones
está consignada en los tres ejemplos citados
como una facultad, palabra esta última que,
a su vez, es susceptible de diversas acepciones,
y por lo mismo que estamos tratando, yo elijo la
de poder o derecho para hacer alguna cosa. Siendo
entonces consciente de este poder, dirigiéndome
a la definición propuesta, elijo para esta
exposición: Memoria: facultad síquica
o anímica, o potencia del alma para reproducir
un estado de conciencia pasado y reconocerlo como
perteneciente a la propia experiencia.
Bien sé que en este país, en este
tiempo, son las otras formas de hacer memoria las
que más apóstoles cuentan en sus filas.
Se considera más a la memoria como un balance
de cosas o de personas, con maquillaje de información
puesta al servicio del poder, que como una cultura
heredada de una a otra generación por medio
de la cual los ciudadanos puedan repasar experiencias
anteriores, de modo de sacar el mayor de los provechos
y sobre todo concluir en las deficiencias cometidas
para no volver a cometerlas.
Sé también que bajo el lema de "no
lo diga, escríbalo", se identificó
a la memoria en las frías oficinas de administración
de las empresas de todo, que trabajaron en forma
efectiva para borrar huellas de cara al futuro y,
hoy por hoy, hemos perdido el norte hasta para pensar
en la posibilidad de recrear esfuerzos comunes y
propuestas productivas: allá se fueron las
empresas que hacían memoria sólo para
el papel y sus directivos que conocían a
los empleados no por su nombre, su rostro o su actitud,
antes por un número de legajo.
Por eso prefiero creer en la memoria como una facultad
humana, síquica, y más aún
anímica, y todavía mejor como una
potencia del alma. Reflotar elijo, como decía
al inicio, el "acordarse" (del latín
accordare, proveniente de cordis, corazón),
el recordar (del latín reccordari, pasar
una situación o un hecho otra vez por el
corazón).
En cuanto a la alternativa de considerar a la memoria
como "la fama o la gloria, o el monumento que
se erige como porfiando por perpetuar el nombre
de alguien, ya Borges lo dijo: "la fama que
no merece nadie". Lo que indica que hay formas
inmerecidas de hacer memoria, y nos obliga a abrir
bien grandes los ojos, del primero al tercero, y
no perdernos en el laberinto de las posibilidades
que sólo confunden.
Gabriel García Márquez identifica
en "El otoño del patriarca", la
inapelable memoria del rencor, por lo que vuelve
a hablarnos del cor/ cordis/ corazón. En
la secuencia a que hago mención, el pueblo
toma justicia por mano propia ante los abusos de
una dictadura de oprobio y termina linchando a un
verdugo torturador. Pero con esto no quiero reivindicar
los métodos de la violencia, ni siquiera
cuando se ampara en la justicia. La violencia siempre
termina acreditando la represión, de esto
tenemos variados y cercanos ejemplos: hagamos memoria.
No, antes, la intención es marcar que en
lo planteado en esa secuencia de la novela ejemplar
de García Márquez, se reconoce nítidamente
la falta popular de memoria frente a la atávica
falacia del poder, el sometimiento repetido, y el
estallido final que no termina resolviendo a futuro,
antes sirve de desahogo como para marcar un volver
a empezar, girando siempre sobre el mismo eje. El
dictador de turno reparte algunas prebendas demagógicas,
el pueblo se siente reconocido y todo vuelve a ser
como era entonces. Es este el caso de la utilización
exclusiva de la memoria sin la asistencia de la
inteligencia que permitiera seleccionar las experiencias
recogidas, evitar las piedras sembradas en el camino
que invitan a la segunda vez del animal humano y
planificar para progresar a cada próximo
paso.
Por todo lo dicho, sería redundante dedicar
este segundo número a la memoria en emergencia.
Preferimos personalizarla en uno de los casos testigos
de lo que es capaz de llevar adelante el poder político
compelido por las urgencias sociales, y cómo
siempre se elige qué tornillo apretar para
mantener en movimiento aquella vieja memoria del
miedo, más identificable con el instinto
de los animales que con la facultad inherente a
la sensibilidad de los seres humanos.
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