|
Y sí, nos largamos nomás. Es como
echarse al mar en medio de la borrasca. Como gritar
cuando la tormenta nos abraza, y las olas se abalanzan
agigantándose, y el viento ruge; pero la
convicción de gritar una verdad en medio
de un vacío sólo ocupado por la tormenta
es lo que ha llevado al hombre a inventar la palabra:
arma peligrosa si las hay, boomerang a veces, pero
también pájaro para llevarse y traer
razones y sentires; puente en el mejor de los casos.
¿Y quién nos quitará lo bailado
si logramos construir un puente cuando todo contexto
parece vendaval y no se asoma un alma a los acantilados?
Dice Julio Cortázar (de pie, señores)
en su Libro de Manuel:
"Un
puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda
obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente
puente mientras los hombres no lo cruzan.
Un puente es un hombre cruzando un puente."
Decimos nosotros
Ellos
caminan sobre el agua
para ir de la orilla de los unos a la de los otros,
sin duda, en un acto de profundo amor.
Olvidan
-a propósito- que detrás de cada orilla
existen mundos distintos.
Llenan
un vacío para unir
sin pensar -voluntariamente- que así
se construyen los milagros.
Un puente
tendido es haberle quebrado la
muñeca al imposible.
No existen
límites donde existe un puente.
Ya se
habían abrazado con la voz,
gritándose de orilla a orilla.
Consumar
el abrazo no es signo de tarea cumplida:
es haber roto el cerrojo del futuro.
Y como creemos en esto de construir, hacemos ladrillos
con el miedo, piedras para no arrojar; sumamos un
obrero, otro, y quizá todo el esfuerzo signifique
levantar un puente bien sólido y blanco donde
poder escribir después los graffitis de lo
que se piensa, de lo que nos pueda poner a pensar
un poco más cerca unos de otros, ustedes
/ esos que no conocemos todavía, todavía
nada más
|