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  LA CULTURITA | Revista Virtual de Literatura
Nro. 3 - Setiembre 2002  

 


          ¿Qué no podrán los cronistas de "La Culturita"? Parece que "El Buscador" ha encontrado. Nosotros conocemos a El Buscador, hombre de la noche, duende (sin ánimo peyorativo), tipo serio que ronda arrabales de alcohol y bravura, porque parece entender que al mundo para hacerlo bien, hay que empezarlo todo de nuevo, desde la raíz, y así no habrá materia que no sangre.

          El Buscador admira con un negro amor las aguafuertes de Roberto Arlt. Había jurado remover cielo y tierra hasta poder dar con el brujo. Un muy su amigo nos dijo que El Buscador, por un empedrado de callejón, levantó en medio de la oscuridad una moneda que brillaba con propia luz: de un lado acuñado el perfil de la vida, del otro el de la muerte. Allí estaba la clave, el apelativo de la calle de niebla donde mora la esencia del brujo, la terrible literatura urbana de Roberto Arlt, que se prestó al reportaje sólo para jodernos, para hacernos sentir que una segunda oportunidad nos va a costar caro, y que hay que empezar ahora y que no podrá llevarla adelante nadie más que nosotros (todos nosotros, quiero decir). Esto dijo este setiembre Roberto Arlt. El estentóreo irreverente al que ni la muerte puede amordazar.

 

ENTREVISTA A ROBERTO ARLT:

-Durante el centenario de su nacimiento surgieron algunas dudas referidas a datos personales que motivó fuertes polémicas entre sus biógrafos. ¿Qué me puede decir al respecto?

-Tengo entendido que mis eruditos debaten si nací el 2, el 7 o el 26 de abril, o si a mi nombre Roberto lo acompañaba el de Godofredo o el de Christophersen. Todas estas chucherías de la crítica literaria me tienen sin cuidado. Lo que le puedo asegurar es que nací una noche del año 1900, bajo la conjunción de los planetas Saturno y Mercurio. Como puede verse, prefiero las nociones astrológicas a la precisión del calendario.

-¿Cómo fue su infancia?

-Nací en Buenos Aires en el barrio de Flores y soy el segundo hijo de un matrimonio de inmigrantes prusianos. Cursé la escuela primaria hasta tercer grado y luego me echaron por inútil, aunque esa deserción también puede atribuirse al apellido Arlt, ya que con tres consonantes y una vocal predisponía a los maestros en mi contra.

-¿Fue también expulsado de la Escuela de Mecánica de la Armada?

-De ahí también fui echado por inútil.

-¿Esto fue lo que provocó los problemas con su padre?

-Mi padre era un autoritario por naturaleza, durante la noche me avisaba por anticipado la paliza que me iba a dar al otro día. La expulsión fue sólo uno de los tantos pretextos para descargar su resentimiento.

-¿Es cierto que durante su velorio se quedó dormido?

-Si, no sólo me quedé dormido sino que también cuando me llamaron la atención por mostrar tremenda indiferencia le contesté que, si era un hijo de puta en vida, porqué no lo iba a ser después de muerto.

-¿Cuál fue su primer libro?

-Mi primer libro fue una novela llamada El juguete rabioso y la comencé a escribir a los 22 años, durante cuatro años fue rechazada por todas las editoriales, hasta que por gracia del destino me encontré con un editor inexperto.

-¿tal vez ese temprano rechazo lo hizo fuerte para soportar las críticas a las que fue expuesta su obra?

-¿A qué tipo de crítica se refiere?

-A la que decía que usted era un escritor que no se llevaba muy bien con las normas académicas y escribía como un salvaje.

-Yo no escribo ortografía, escribo ideas, y podría citar numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen miembros de su familia. Mi idioma no es propiamente el castellano sino el porteño, y es acaso por exaltar el habla del pueblo, ágil, pintoresca y variable, que interesa a todas las sensibilidades. Este léxico que yo llamo idioma, primara en nuestra literatura a pesar de la indignación de los puristas a quienes no leen ni leerá nadie.

-¿Su literatura tiene que ver mas con "la calle", que con "lo académico"?

-Puede ser, pero con la verdadera calle. La calle que arranca un suspiro en los desterrados de la ciudad, la que es linda de recorrer de punta a punta porque es calle de vagancia, de atorrantismo, de olvido, de alegría y de placer. La calle porteña que tiene corazón y está impregnada de ese espíritu tan nuestro, que aunque le poden las casas hasta los cimientos y le echen creolina hasta la napa de agua seguirá siendo la misma. Esa calle donde el más inofensivo infeliz se da aires de perdonavidas y de calavera jubilado.

-Sin embargo usted en su obra literaria y en sus crónicas periodísticas, hace referencia a una ciudad en donde por momentos reina el caos y ser feliz parece un logro inalcanzable.

-La debilidad no me seduce. Yo refuto la sensiblería para refutar esa moral burguesa instalada como una espina en el corazón de nuestra sociedad. Va a llegar un momento en que la humanidad escéptica, enloquecida por los placeres de la comodidad y blasfema de impotencia se pondrá tan furiosa que será necesario matarla como a un perro rabioso. Por eso siempre busqué dar cuenta de ese lugar heroico que es el anonimato, lugar hecho de vencidos y expulsados pero nunca de responsables ni cómplices.
-¿Qué opinión le merecen los políticos?

-Para ser político hay que haber tenido una carrera de mentiras, comenzando como vago de comité, transando y haciendo vida común con perdularios de todas las calañas, en fin, una vida al margen de la verdad.

-¿Cómo ve al país?

-Nuestro patria no es más que una riña entre comerciantes que quieren vender el país al mejor postor.

-Volviendo a su obra ¿se dirige a algún público en especial?

-Al que tenga mis problemas, resolver de qué modo ser feliz, dentro o fuera de la ley. Aunque no conozco un solo hombre feliz que lea. Salvo esa mersa que pierde el alma entre copetín y copetín hablando sobre la vida de uno para juzgar su obra.

-¿Qué implica ser feliz fuera de la ley?

-Me refiero a que hay momentos en nuestra vida en que tenemos necesidad de ser canallas, de ensuciarnos hasta adentro, de hacer alguna infamia, yo que sé...de destrozar para siempre la vida de un hombre y después de hecho eso podremos volver a caminar tranquilos.

-Julio Cortázar lo describió como un "Villón de quilombo", Juan Carlos Onetti dijo que no sabía si usted era "un farsante, un ser angélico o un hijo de puta". A logrado desconcertar a todos.

-Por mi parte tengo el mal gusto de estar encantadísimo con ser Roberto Arlt. ¿Pero cómo describir el tormento que me inflige la vanidad?, ¿la encendida batalla entre los residuos de sensatez y los escombros de soberbia? Reconozco que de mi ineptitud se desprende una filosofía implacable, serena, destructiva, pero es preferible a fingir el fantasma porque un día se termina por serlo.

-Para terminar ¿ cómo le gusta que lo recuerden?

-Como se les dé la gana. En definitiva, para qué afanarse en estériles luchas si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y una nada infinita.

EL BUSCADOR.

 



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