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Quizá
el editorial de una revista virtual de literatura
sea el lugar exacto para rendirle tributo a un brujo,
a un alquimista, a un profeta. Sobre todo esto último:
a un profeta. Esa es la cara o contracara, la personalidad
de este tipo difícil que no le permitió
a la vanidad del mundo de principios del siglo XX
que le cuelgue de la solapa un cartel de cartón
con un precio. Hurgando callejones sucios a la hora
en que las prostitutas salen a beber el sol enfermo
del atardecer, y se fuman un pucho lerdo atisbando
la amargura de una posible mala recaudación.
Cuando los anárquicos menestrales de sueños
traman revoluciones detrás de unos espejuelos
opacos, con sus trajes envejecidos por las arrugas
y los moños desajustados alrededor del cuello
amarillento de esa camisa de malquerido, asidos
a un portafolios destartalado como al madero de
un naufragio. Y cuando, por fin, el adolescente
busca al resentido social que le encamine el asalto
al banco del barrio, allí, y entonces, este
profeta de la verdad revelada encuentra la poesía,
como a un perro muerto pudriéndose de olvido
en un zaguán; la poesía como un principio
irrenunciable, como una fábrica de personajes
de carne y hueso que se apropian de los cuerpos
transidos de los actores en los tablones del Teatro
del Pueblo y los obligan a morir por él,
a vivir gracias a él; la literatura cruda
de un tiempo homicida, detrás del titular
de "crisis social y económica",
que los dueños del poder que él denuncia
para un siglo y para otro, usan para enmascarar
la expoliación. Porque el brujo, el alquimista,
el profeta, sabía, veía, tentaba en
la oscuridad secular para nutrirse de esa negra
sustancia y reventar por dentro mientras escribía
sus tonos de aguafuertes, sus agonías de
novela, sus latidos de obras de teatro, su furor
de cuentos. Esto escribía desde su ¿inconsciente?
atemporalidad
El
tipo y los políticos
"Un
político que ha sido acusado de haber intervenido
en el asesinato de un gobernador ha dicho con mucho
acierto "Para gobernar a un pueblo no se necesitan
más aptitudes que las de un capataz de estancia"
(
) Ustedes saben mejor que yo que para ser
diputado hay que haber tenido una carrera de mentiras,
comenzando como vago de comité, transando
y haciendo vida común con perdularios de
todas las calañas, en fin, una vida al margen
del código y de la verdad. No sé si
esto ocurre en países más civilizados
que los nuestros, pero aquí es así.
En nuestra cámara de diputados y de senadores,
hay sujetos acusados de usura y homicidio, bandidos
vendidos a empresas extranjeras, individuos de una
ignorancia tan crasa, que el parlamentarismo resulta
aquí la comedia más grotesca que haya
podido envilecer a un país. Las elecciones
presidenciales se hacen con capitales norteamericanos,
previa promesa de otorgar concesiones a una empresa
interesada en explotar nuestras riquezas nacionales.
No exagero cuando digo que la lucha de los partidos
políticos en nuestra patria no es nada más
que una riña entre comerciantes que quieren
vender el país al mejor precio"
"Los siete locos"
escrita entre 1928 y 1929
publicada por primera vez en octubre de 1929
"(
)si
yo fuera concejal de un partido, de ningún
modo escribiría notas, sino que me dedicaría
a dormir truculentas siestas y a acomodarme con
todos los que tuvieran necesidad de un voto para
hacer aprobar una ordenanza que les diera millones."
"Aguafuertes porteñas"
Nota: "Yo no tengo la culpa"
El
tipo y la sociedad
"Creo
que a nosotros nos ha tocado la horrible misión
de asistir al crepúsculo de la piedad, y
que no nos queda otro remedio que escribir deshechos
de pena, para no salir a la calle a tirar bombas
o a instalar prostíbulos. Pero la gente nos
agradecería más esto último."
"Autobiografía escrita
para Cuentistas de hoy"
Editorial Claridad, 1929
"Todos los días asisto a la tragedia
del hombre honrado. Este hombre tiene un café
que bien puede estar evaluado en treinta mil pesos
o algo más. Bueno, este hombre honrado tiene
una esposa honrada. A esta esposa honrada la ha
colocado a cuidar la victrola. Dicho procedimiento
le ahorra los ochenta pesos mensuales que tendría
que pagarle a una victrolista (
) Al mismo
tiempo quiere a su mujer. ¡Cómo no
la va a querer! Pero no sabe menos de hacerla trabajar,
como el famoso tacaño de Anatole France no
pudo menos que cortarle unas rebarbas a las monedas
de oro que le ofrecía a la Virgen; seguía
fiel a su costumbre (
) Y la prueba de que
nuestro hombre es honrado, es que sufre en cuanto
empiezan a mirarle a la cónyuge. Sufre visiblemente.
¿Qué hacer? ¿Renunciar a los
ochenta pesos o resignarse a una posible desilusión
conyugal? (
) A veces voy a su café
y me quedo una hora, dos, tres. Él cree que
cuando le miro a la mujer estoy pensando en ella,
y está equivocado. En quien pienso es en
Lenin
en Stalin
En Trotzky
Pienso
con una alegría profunda y endemoniada en
la cara que este hombre pondría si mañana
un régimen revolucionario le dijera:
- Todo tu dinero es papel mojado."
"Aguafuertes porteñas"
Nota: "La tragedia de un hombre honrado"
"Ser olvidado cuando muera, esto sí
que es horrible. (
) Sin embargo algún
día me moriré y los trenes seguirán
caminando y la gente irá al teatro como siempre,
y yo estaré muerto, bien muerto, muerto para
toda la vida."
"El juguete rabioso"
publicada en 1926
"Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicaré
todas mis energías a hacer el elogio del
"fiacún", a establecer el elogio
de la "fiaca", y a dejar determinados
de un modo matemático y preciso los alcances
del término. Los futuros académicos
argentinos me lo agradecerán, y yo habré
tenido el placer de haberme muerto sabiendo que
trescientos setenta y un años después
me levantarán una estatua."
"Aguafuertes porteñas"
Nota: "El origen de algunas palabras de nuestro
léxico popular"
Las
citas se postulan multiplicadas con una ansiedad
propia que hacemos nuestra, porque cada cita o reseña
escrita en el principio de la centuria del 1900,
hoy se imponen por la fuerza profética de
su semilla, por la capacidad incontenible de su
fuerza reproductiva, porque se anticipa al molde
de lo que vino después, que parece agudizarse
casi tanto como la virulencia de este hombre que
tipiaba con vicio de periodista, alborotando la
madriguera de la literatura donde el animal de la
formalidad autoritaria pare sus feos cachorros que
nunca embellecerán.
Por todo esto
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