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  LA CULTURITA | Revista Virtual de Literatura
Nro. 3 - Setiembre 2002  

 


          Quizá el editorial de una revista virtual de literatura sea el lugar exacto para rendirle tributo a un brujo, a un alquimista, a un profeta. Sobre todo esto último: a un profeta. Esa es la cara o contracara, la personalidad de este tipo difícil que no le permitió a la vanidad del mundo de principios del siglo XX que le cuelgue de la solapa un cartel de cartón con un precio. Hurgando callejones sucios a la hora en que las prostitutas salen a beber el sol enfermo del atardecer, y se fuman un pucho lerdo atisbando la amargura de una posible mala recaudación. Cuando los anárquicos menestrales de sueños traman revoluciones detrás de unos espejuelos opacos, con sus trajes envejecidos por las arrugas y los moños desajustados alrededor del cuello amarillento de esa camisa de malquerido, asidos a un portafolios destartalado como al madero de un naufragio. Y cuando, por fin, el adolescente busca al resentido social que le encamine el asalto al banco del barrio, allí, y entonces, este profeta de la verdad revelada encuentra la poesía, como a un perro muerto pudriéndose de olvido en un zaguán; la poesía como un principio irrenunciable, como una fábrica de personajes de carne y hueso que se apropian de los cuerpos transidos de los actores en los tablones del Teatro del Pueblo y los obligan a morir por él, a vivir gracias a él; la literatura cruda de un tiempo homicida, detrás del titular de "crisis social y económica", que los dueños del poder que él denuncia para un siglo y para otro, usan para enmascarar la expoliación. Porque el brujo, el alquimista, el profeta, sabía, veía, tentaba en la oscuridad secular para nutrirse de esa negra sustancia y reventar por dentro mientras escribía sus tonos de aguafuertes, sus agonías de novela, sus latidos de obras de teatro, su furor de cuentos. Esto escribía desde su ¿inconsciente? atemporalidad


          El tipo y los políticos

          "Un político que ha sido acusado de haber intervenido en el asesinato de un gobernador ha dicho con mucho acierto "Para gobernar a un pueblo no se necesitan más aptitudes que las de un capataz de estancia" (…) Ustedes saben mejor que yo que para ser diputado hay que haber tenido una carrera de mentiras, comenzando como vago de comité, transando y haciendo vida común con perdularios de todas las calañas, en fin, una vida al margen del código y de la verdad. No sé si esto ocurre en países más civilizados que los nuestros, pero aquí es así. En nuestra cámara de diputados y de senadores, hay sujetos acusados de usura y homicidio, bandidos vendidos a empresas extranjeras, individuos de una ignorancia tan crasa, que el parlamentarismo resulta aquí la comedia más grotesca que haya podido envilecer a un país. Las elecciones presidenciales se hacen con capitales norteamericanos, previa promesa de otorgar concesiones a una empresa interesada en explotar nuestras riquezas nacionales. No exagero cuando digo que la lucha de los partidos políticos en nuestra patria no es nada más que una riña entre comerciantes que quieren vender el país al mejor precio"

"Los siete locos"
escrita entre 1928 y 1929
publicada por primera vez en octubre de 1929



          "(…)si yo fuera concejal de un partido, de ningún modo escribiría notas, sino que me dedicaría a dormir truculentas siestas y a acomodarme con todos los que tuvieran necesidad de un voto para hacer aprobar una ordenanza que les diera millones."

"Aguafuertes porteñas"
Nota: "Yo no tengo la culpa"



          El tipo y la sociedad

          "Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos. Pero la gente nos agradecería más esto último."

"Autobiografía escrita para Cuentistas de hoy"
Editorial Claridad, 1929



           "Todos los días asisto a la tragedia del hombre honrado. Este hombre tiene un café que bien puede estar evaluado en treinta mil pesos o algo más. Bueno, este hombre honrado tiene una esposa honrada. A esta esposa honrada la ha colocado a cuidar la victrola. Dicho procedimiento le ahorra los ochenta pesos mensuales que tendría que pagarle a una victrolista (…) Al mismo tiempo quiere a su mujer. ¡Cómo no la va a querer! Pero no sabe menos de hacerla trabajar, como el famoso tacaño de Anatole France no pudo menos que cortarle unas rebarbas a las monedas de oro que le ofrecía a la Virgen; seguía fiel a su costumbre (…) Y la prueba de que nuestro hombre es honrado, es que sufre en cuanto empiezan a mirarle a la cónyuge. Sufre visiblemente. ¿Qué hacer? ¿Renunciar a los ochenta pesos o resignarse a una posible desilusión conyugal? (…) A veces voy a su café y me quedo una hora, dos, tres. Él cree que cuando le miro a la mujer estoy pensando en ella, y está equivocado. En quien pienso es en Lenin… en Stalin… En Trotzky… Pienso con una alegría profunda y endemoniada en la cara que este hombre pondría si mañana un régimen revolucionario le dijera:
- Todo tu dinero es papel mojado."

"Aguafuertes porteñas"
Nota: "La tragedia de un hombre honrado"



           "Ser olvidado cuando muera, esto sí que es horrible. (…) Sin embargo algún día me moriré y los trenes seguirán caminando y la gente irá al teatro como siempre, y yo estaré muerto, bien muerto, muerto para toda la vida."

"El juguete rabioso"
publicada en 1926



           "Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicaré todas mis energías a hacer el elogio del "fiacún", a establecer el elogio de la "fiaca", y a dejar determinados de un modo matemático y preciso los alcances del término. Los futuros académicos argentinos me lo agradecerán, y yo habré tenido el placer de haberme muerto sabiendo que trescientos setenta y un años después me levantarán una estatua."

"Aguafuertes porteñas"
Nota: "El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular"



          Las citas se postulan multiplicadas con una ansiedad propia que hacemos nuestra, porque cada cita o reseña escrita en el principio de la centuria del 1900, hoy se imponen por la fuerza profética de su semilla, por la capacidad incontenible de su fuerza reproductiva, porque se anticipa al molde de lo que vino después, que parece agudizarse casi tanto como la virulencia de este hombre que tipiaba con vicio de periodista, alborotando la madriguera de la literatura donde el animal de la formalidad autoritaria pare sus feos cachorros que nunca embellecerán.
Por todo esto…

 

   



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