Hay quienes sostienen y yo adscribo a esa idea, que lo que uno piensa hay que decirlo, aún a riesgo de estar equivocado. Si es así alguien nos explicará el porqué de nuestro error y rectificaremos nuestro pensamiento, si en cambio poseemos la razón, queda y sobre todo en un medio de comunicación, la prueba irrefutable de lo que uno advirtió.
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Digo esto por que este editorial a lo mejor es el testimonio más importante que uno puede mostrar luego de las elecciones legislativas de este año.
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Como nunca, creo que los meses que nos separan de esos comicios nos demostrarán la inmadurez en la que esta inmersa nuestra clase dirigente sobre todo la política, la sindical y también la empresarial.
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Si desde fines del año pasado, uno observa que la oposición en esta provincia esta dispuesta no solamente a pedir acciones inverosímiles al gobierno provincial, sino a achicarle lo más posible el margen de maniobra en el ejercicio del poder al gobierno provincial, a sabiendas del ahogo financiero y económico con lo que castigan los Kirchner a sus opositores
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Sí algunos dirigentes de esta provincia, adherentes a organizaciones gremiales o políticas a nivel nacional, piden acá lo que no se atreven a pedirle al matrimonio K, por que el poder central los tiene bien pagos y callados a sus jefes superiores
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Si organizaciones sindicales, caso al UTA, acuerdan a nivel nacional aumentos a sus trabajadores imposibles de cumplir en las ciudades del interior donde los subsidios al transporte son infinitamente inferiores a los de la Capital Federal y el Gran Bs As
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Sí los empresarios, (los grandes, los poderosos me refiero), no están dispuestos bancarse las malas, echan empleados y encima piden un dólar alto y menor presión impositiva, no para competir sino para seguir ganando lo que ganan con vientos favorables.
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Sí los opositores al gobierno nacional critican, muchas veces con razón, lo que hacen los Kirchner , pero no lo hacen con ideas sino con meras descalificaciones. Y si encima uno ve que para lograr sus objetivos , pretenden que se unan en matrimonios electorales un rinoceronte con una babosa, una elefanta con un perro salchicha o un búfalo con la hormiguita viajera, son signos inequívocos de que hay inmadurez y deja traslucir que todo vale y más, en tiempo electorales, para desestabilizar a quién conduce el destino de millones de ciudadanos. Y esto es lo que uno avizora en este 2009: El vale todo para destruir al otro, sin pensar que al que apuntan fue elegido por la mayoría de una provincia o del país y que su suerte esta atada al de toda una sociedad. No importa: que pierda, que sufra, que este de rodillas, parecen ser las consignas que alientan todos los carroñeros del llamado “arte de lo posible”.
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La inmadurez político cultural se expresa también en la utilización de las viejas categorías del pasado con la que algunos amenazan, como apelar al genérico golpismo que también, en el pasado, salvó mucha ineficacia y convirtió a más de un gobernante en víctima. Si podemos eludir la simplificación de reducir la sociedad al número de la encuesta, el rating o la economía, podríamos reconocer que nada atenta mas contra la democracia que el que sus instituciones no funcionen, que el Congreso funcione a control remoto, que el Poder Ejecutivo gane poder a expensas de fragilizar los otros dos. Que el que no piensa como yo o apoya a un sector que no piensa como yo esta en la vereda de enfrente. Hay que comenzar a conjugar una palabrita ajena todavía a nuestra cultura política, la responsabilidad. El inmaduro generalmente peca de irresponsable
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La misma irresponsabilidad con que se hacen anuncios, tras anuncios, tras anuncios aún sabiendo, quién los declama, que muchos de ellos jamás se transformarán en hechos. Esto desencanta a quién espera ansioso una solución y socava lo más sagrado que debe tener un dirigente de cualquier ámbito, la credibilidad.
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La democracia formal a secas, a saber, la elección periódica de gobernantes por la ciudadanía empadronada, tampoco garantiza en si misma la feliz elaboración de los conflictos. Para ello se necesita el suplemento de una red de instituciones fuertes e independientes, el respeto de la ley y una cultura cívica avanzada.
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Desde el punto de vista formal, participativo y popular, la Argentina vive en democracia desde 1983. Es un logro, pero un logro insuficiente, como lo demuestran sus crisis recurrentes y su inestabilidad política “en democracia.” Para simplificar, digo que el problema reside en la carencia de partidos modernos, de instituciones fuertes e independientes, y de una cultura cívica orientada hacia la negociación y el compromiso y no hacia la confrontación y el vituperio.
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Desde el retorno a la democracia, el sistema de partidos se ha descompuesto. Sus fragmentos se recomponen en alianzas o frentes montados a efectos electorales, pero sin solidez ni permanencia en el tiempo. El único partido que subsiste, más allá del alicaído radicalismo que pretende recuperarse, es el peronismo, es, como sus propios adherentes lo califican, “mas un sentimiento que un partido.” Mantiene (votos más votos menos) su caudal histórico, pero carece de solidez interna en torno a políticas de estado. Como partido político, hace mucho que impone la agonía de su interminable zigzagueo al resto del país. Ha hecho todos los giros posibles entre los polos opuestos de la política. Es imposible hacer política fuera de él pero es muy difícil hacer política dentro de él. Quienes gobiernan en su nombre (cualquiera sea el signo de su politica –del neoliberalismo al distribucionismo) tienden a acumular poder sin atender demasiado la trama institucional de la republica, para entrar en crisis cuando a los buenos tiempos (como sucedió durante los últimos 5 años en la Argentina) los suceden dificultades de orden económico o geopolitico. Esta endeblez institucional de la republica, y la falta de equilibrios y contrapesos hacen que los conflictos sociales se diriman en forma extra-parlamentaria, en modos de acción directa. No es un problema de un solo partido, sino de todo un sistema republicano todavía inmaduro.
Los conflictos se prolongan, se polarizan, y se agravan. Es más: los conflictos se acumulan. En vez de solucionarse, cada conflicto es sucedido por otro. En suma, la Argentina no tiene el “termostato” político de países mas y mejor institucionalizados, como son los estados democráticos del occidente industrializado, y en América Latina, países limítrofes como Chile y Uruguay. El gran vecino tropical –Brasil—tiene también una estructura partidaria endeble, pero compensa ese defecto con una notable propensión, en sus grupos dirigentes, tanto políticos como empresariales, a políticas de largo aliento y a un consenso negociado sobre objetivos y valores comunes. Demuestra moderación, flexibilidad y consenso tanto en sus políticas públicas como en política exterior. Las grandes políticas del Brasil son constantes, acumulativas, silenciosas y sistemáticas. En cambio, la política de la Argentina es bipolar, ruidosa, y discontinua. Hay demasiada pasión y demasiados extremismos innecesarios y estériles. Esto es inmadurez.
Ya vamos por los 26 años de democracia sin interrupciones y ya es hora de sentar cabeza y de entender que al que gobierna hay que dejarlo gobernar y esto no significa dejarle hacer lo que quiera: para eso hay que controlarlo, aconsejarlo y criticarlo. Por su parte el que gobierna tiene que convocar, escuchar y sobre todo consensuar, por más poder que acumule.
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El próximo octubre es una elección más importante que lo que el grueso de la gente cree y una muestra de que estamos dejando la adolescencia y la inmadurez política sería que si le toca perder al gobierno nacional, la oposición ayude a gobernar, no se obnubile y no pretenda (como hicieron otros) , acelerar los tiempos de un mandato que debemos respetar a rajatabla. Por su parte los que pierdan y ostentan el poder , gobiernen lo que le resta del mandato con la sabiduría de reconocer los errores que lo llevaron a la derrota y a rectificarlos, porque esta actitud debe ser alguna vez también, el mejor camino para retener el poder en el 2001. Si en cambio los de un lado y los del otro no entienden esta premisa, no sólo se perderá una oportunidad más de las tantas en la historia argentina, sino que además los de siempre, nosotros los ciudadanos, pagaremos las consecuencias de semejante inmadurez.
Hoy es 14 de febrero de 2009 y quisiera, les aseguro, decir en octubre, dentro de 8 meses, que me he equivocado en esta percepción y que quienes nos gobiernan, nos representan, nos dirigen han madurado, como no lo pude hacer yo |