Hay personas, instituciones, partidos políticos, clubes, entidades de todo tipo y hasta países que cumplen años, pero no tienen nada para festejar, solo miran pasar el tiempo, sin crecer, sin madurar, sin aportar, sin dejar una huella.
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Hoy se cumplen 90 años de una gesta surgida desde el seno de otra universidad pública. En junio de 1918, en la Universidad de Córdoba, un grupo de estudiantes luchó no sólo por la autonomía, el cogobierno y las cátedras libres, también entonces surgió un claro compromiso de solidaridad con todos los sectores postergados y empobrecidos de la sociedad. La Reforma universitaria contagió de nuevos valores y creencias a movimientos sociales muchos más amplios.
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Un año más tarde se creaba la Universidad Nacional del Litoral y cómo hace 9 décadas con los mismos compromisos, con más desafíos, con los mismas penurias salariales para sus docentes y no docentes, pero con una misma premisa, lograr que en este país, la educación sea una prioridad.
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Para lograr este triunfo se debe tener la convicción de que el mismo se obtendrá en relación directa con el grado de compromiso asumido con la realidad que la circunda. Es la sociedad toda, la que debe reclamar los derechos que le corresponden, sólo bajo esta perspectiva lograremos que nuestros gobernantes destinen a las áreas sociales y educativas el presupuesto que les corresponde; no es posible que en la actualidad los órganos de gobierno de las Universidades deban debatir cómo lograr cerrar los presupuestos anuales sin déficit, en lugar de ocuparse de ejecutar políticas de índole académico - cultural.
Históricamente ha sido por medio de la educación que una parte de la humanidad ha alcanzado niveles de bienestar jamás soñados. Al mismo tiempo observamos que dos tercios de la misma viven un subdesarrollo acentuado, lo que nos llena de preocupación y estupor frente al adelanto científico logrado por otros países y sus posibilidades actuales.
Cómo puede ser que gobernantes de todos los partidos políticos que administraron este país durante las últimas 4 décadas y que se han formado en la universidad pública, hayan actuado de espaldas a éstas y con sus procederes logrado el deterioro del sistema social y educativo de la Nación.
La Reforma de 1918 propuso colocar a las instituciones educativas a la altura de los avances en el terreno del conocimiento y en consonancia con las transformaciones sociales y políticas que se vivían en el mundo. Fijó, para ello, algunos principios fundamentales: la autonomía de las universidades respecto de los gobiernos, la gratuidad de la enseñanza, la libertad de cátedra, el gobierno tripartito de las casas de estudio, la mayor vinculación entre docencia e investigación.
Esos principios contribuyeron a que las universidades públicas fueran un verdadero faro de conocimiento y un impulso para el progreso educativo, cultural y científico. Ellas generaron, además, un capital intelectual y recursos humanos que permitieron la industrialización y modernización del país.
Se definieron, por otra parte, como instituciones promotoras de la democracia y la ciudadanía y por eso sufrieron también los embates del autoritarismo.
Aquella movilización intelectual y estudiantil de la segunda década del siglo XX nos dejó la universidad que actualmente tenemos, con sus persistentes logros y sus serios y profundos déficit. Casi un siglo después, se precisa una voluntad de renovación similar para colocar a nuestras universidades a la altura de los desafíos actuales, pero también es indispensable que los responsables de conducir los destinos del país dejen de utilizarlas como una variable de ajuste según el humor o el grado de coincidencia ideológica con el gobernante de turno.
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Para que esto cambie no hace falta un movimiento parecido a aquel del 18, basta con alcanzar plenamente sus objetivos, para volver a poner a la Educación en el lugar que le corresponde.
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Alguna vez leí una frase que decía que "El genio puede sobrevivir al frío y al hambre de la miseria, pero es incapaz de germinar en la pobreza intelectual" yo sumaría a esta máxima otra que desanda el camino inverso, "no debe haber ningún argentino con hambre, ni con frío, nunca y tampoco ni un solo habitante de este país sin la posibilidad de llegar a la universidad, recibirse y devolverle a la sociedad que lo cobijo y lo formó, parte de ese saber".
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La UNL esta desandando ese camino, y hoy con 90 años tiene mucho de qué enorgullecerse, tiene mucho para mostrar y también para festejar, pero esta en su autoridades, en éstas y las que vendrán, en la comunidad universitaria y en toda la sociedad de Santa Fe y la gran región que el lema que esta en su efebo; Lux Indeficiens, que significa "luz que nunca se apaga" , este más viva que nunca
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