Esperaba hacer un balance de este 2009 en este último editorial del año, pero sucedió que en las últimas horas me llegó una noticia que puso fin a una situación que me angustió, debo reconocerlo, durante más de 4 años.
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En octubre de 2005, la Agrupación lista blanca de la Asociación de Prensa, de Santa Fe que se había impuesto en las elecciones realizadas en ese año, firmó un comunicado titulado "En prensa ganó la esperanza" . En ese comunicado se me difamó, calumnió e injurió. También lo hicieron con otros colegas, instituciones, como el Instituto Superior Nº: 12, donde se forman periodistas y algunos gremios. De todos, fui el único que inicie una querella, en búsqueda de los responsables de ese libelo, que si bien tenía la firma de una agrupación, nadie de quien la integraba se hizo cargo del mismo, demostrando no sólo cobardía, sino ratificando que a nuestro gremio lo condujeron durante muchos años personajes reaccionarios, retrogrados y antidemocráticos. Por suerte, hubo un cambio en el sindicato, que espero sea para siempre, en el fondo y en la forma de defender los derechos de los trabajadores de prensa
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Decía que al no encontrar respuestas de la conducción del gremio cuyo responsable máximo era Eduardo Burba, inicie una acción judicial contra los que reprodujeron ese comunicado, en este caso contra Carlos Fornés y Antonio Rico los responsables de un sitio web con fuerte vinculaciones con la Comisión Directiva de esa conducción de la Asociación de Prensa. Para no hacerla larga, después de 4 años 1 mes y 28 días, logré que ambos me desagraviaran
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Pese a que muchos me desalentaron en no iniciar el largo y tedioso camino de la justicia, yo insistí que era la forma de defender mi honor y de eso quiero hablar.
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Roque Barcia, en su "Diccionario de Sinónimos Castellanos" decía hacia fines del Siglo XIX: "...que el honor es una honra de sentimiento presente, nuestra. Es el caudal que hemos de legar a nuestros hijos. La honra es un honor tradicional, histórico, heredado; es el caudal que nos legaron nuestros padres. De modo que el honor es una virtud. La honra viene a ser una razón de estado, casi una jerarquía. El honor se tiene. La honra se hereda."
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¿Piensan en su honor aquellos que hoy quieren ver al país , a la provincia, a la ciudad en que viven con serios problemas sociales?. ¿ Piensan en su honor aquellos que se enriquecieron y se enriquecen ilegalmente a costa de la pobreza de millones de conciudadanos?. ¿Piensan en su honor los que prometen lo que saben que nunca cumplirán? ¿Cuál es el honor de aquellos que en nombre de la justicia son injustos? ¿De qué honor hablan esos que cambian un voto por plata para ellos o para su provincia?¿ Saben lo que es el honor los dirigentes ricos con representados pobres? O ¿aquellos que tienen más y siempre quieren más?
No se me escapa que hablar de honor en los días que corren es casi algo así como un anacronismo. Decididamente, el honor no es algo que esté de moda. Es un valor que hemos olvidado casi por completo. La palabra "honor" ya casi ni se pronuncia. Sin embargo, es harto frecuente observar como muchas personas se llenan la boca pregonando sobre "la dignidad humana".
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En buena medida, la dificultad de explicar y definir el honor reside en que es un valor fuertemente autoreferencial. O bien se explica por si mismo, o bien resulta muy difícil de describir. Tratar de explicarle el honor a un corrupto o a un codicioso ególatra es como tratar de explicarle los colores a un ciego, o la música a un sordo. Dicho esto, se comprende por qué todo lo relativo al honor se vuelve rápidamente circular: somos dignos de respeto si nos comportamos con honor y nos hacemos honorables respetando nuestra propia dignidad.
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Una de las cosas importantes es comprender que la dignidad no es un atributo automáticamente adjudicable a cualquier persona como muchos sostienen o, al menos, pretenden sostener. La pura y triste verdad es que hay personas indignas. Porque a la dignidad hay que ejercerla; al respeto primero hay que merecerlo y luego ganarlo. Es muy encomiable eso de que hay que respetar a los demás y respetar la dignidad de los demás. Pero ¿qué hacemos con quienes no se respetan ni a si mismos? ¿Qué dignidad vamos a respetar en quienes no tienen dignidad? ¿Acaso es posible rendirle honores a alguien que no tiene honor?
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Cumplir con nuestras obligaciones no es lo mismo que cumplir con nuestro deber. El cumplir con una obligación es una cuestión de responsabilidad. Cumplir con un deber es una cuestión de honor. Las personas responsables cumplen con sus obligaciones; las personas de honor cumplen con su deber.
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De cualquier modo, el honor reside siempre en aquello de lo cual nos sentimos orgullosos o de lo cual creemos que nos podemos sentir orgullosos. No para restregárselo bajo la nariz a todo el mundo haciendo una ostentación tan innecesaria como improcedente de nuestro orgullo. Es simplemente aquello que constitutivamente nos pertenece y nos satisface; nos describe y nos place como nos describe; nos representa y encontramos adecuado que nos represente.
Nuestro honor está en lo que auténticamente somos. Define cómo deseamos vernos a nosotros mismos y como deseamos ser percibidos, reconocidos, respetados y tratados por los demás, al mismo tiempo en que define también cómo deseamos percibir a los demás para reconocerlos, respetarlos y tratarlos dignamente.
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Eso es lo que intente buscar con esta querella, y creo haberlo conseguido, por lo menos para mis hijas, mi mujer, la memoria de mis viejos y mis amigos. Más allá de lo personal, espero que todos los ciudadanos sepamos que el honor da valor a las personas y que tenerlo, defenderlo y exigirlo nos hará una sociedad mejor.